Hoy no hemos madrugado demasiado (nos hemos levantado a las 8:30) porque ayer
llegamos bastante cansados, y con el ajetreo de escribir en el blog nos
acostamos un poco tarde. Así que para comenzar bien el día hemos ido a
desayunar al Tim Horton’s, que es una cadena canadiense tipo Starbucks. La
diferencia importante es que ellos tienen donuts con sirope de arce, y claro
había que probarlos. El veredicto final ha sido favorable, y hemos cogido
carretera hacia Lake Louise más contentos que unas pascuas.
Para dirigirnos a nuestro destino teníamos dos
posibilidades, la ruta más rápida y la ruta más lenta pero más bonita. Hemos
elegido esta última y nos hemos adentrado en una carretera preciosa, que
discurría entre bosques de pinos inmensos, con las montañas nevadas en la
distancia Creo que Bea no ha conducido
tan despacio en su vida (que no pasaba de 50 la tía), pero es que merecía la
pena deleitarse con el paisaje. Incluso ha habido un momento en que nos hemos
parado para a un lado de la carretera para hacer una foto a todo correr, a un
alce que se encontraba pastando tranquilamente a la orilla de la carretera,
totalmente ajeno al revuelo que estaba causando al otro lado de la carretera.
De camino a Lake Louise, hemos parado en el Cañón Jonston,
excavado en la roca por el río, y en el que pueden verse varias cascadas, la
mayor de hasta 30 metros de altitud. Hemos recorrido unos cuatro kilómetros (de
ida, y otros tantos de vuelta) al lado del río, disfrutando de los saltos de
agua.
A 1.5 km del comienzo del camino se encuentra la cascada baja, la cual
puedes ver prácticamente metido debajo, pues hay un agujero en la roca que te
permite acercarte mucho al salto de agua.
Más arriba está la cascada alta, que
es la de 30m de altura, que ves desde más lejos y sin mojarte tanto, pero que
también es una auténtica pasada.
Después de habernos mojado durante la subida y bajada al
cañón, hemos podido disfrutar de una comida tipo picnic a la entrada del mismo,
con el sol dando calorcito. Vamos que en Canadá el tiempo está tan loco como en
Santander.
Una vez comidos nos hemos dirigido a nuestro hotel, el
Simpson´s Nun-ti-Jah Lodge, junto al lago Bow. La carretera hasta llegar allí
nos tenía maravillados, pero nada nos había preparado para lo que nos
encontramos al llegar al lago Bow. David se ha quedado con la boca abierta. Las
fotos no le hacen justicia, pero espero que sirvan para que os hagáis una idea.
Tras instalarnos en el hotel y fliparlo un rato por lo
alrededores, hemos cogido el coche para acercarnos a Lake Louise, un lago
rodeado de montañas que demuestra que los parques nacionales de Canadá están
llenos de lugares espectaculares. Desde el lago Louise, hemos cogido un camino
de unos 3.5 km que ascendía hasta una casa de té junto al lago Agnes, pasando
primero por el lago Mirror.
La ascensión se nos ha hecho un poco durilla,
porque hemos subido a buen ritmo, y a mitad de camino ha comenzado a aparecer
nieve en el camino. Desde varios puntos de la ascensión podíamos ver el lago
Louise más abajo, con un color muy intenso, lo que ha ido animando la subida, y
nos ha dado fuerzas para continuar, pensando en las vistas que encontraríamos
más arriba.
Cuando hemos llegado al lago Mirror, ha comenzado a nevar, pero
solo nos quedaban 800 metros hasta la casa de té, así que no íbamos a abandonar
a esas alturas. Hemos seguido camino, y aunque hemos tenido algunos resbalones,
y Bea ha llegado con la reserva, hemos conseguido alcanzar nuestro destino.
Cuando hemos llegado arriba, ha comenzado a nevar más fuerte, y encima la casa
de té ya estaba cerrada. Aún así el lugar justificaba la subida. Bea estaba encantada con la nieve, y lo bueno es que estábamos solos.
Hemos aguantado un rato arriba a pesar del
frío y de la nevada que seguía cayendo, y después de sacar varias fotos, hemos
emprendido el camino de vuelta. Ha habido varios momentos de patinaje, pero
hemos conseguido llegar abajo sin contratiempos, y saludando a un conejo que se
acercó a fisgonear. Pero de osos nada de nada, a pesar de que en todos los
paneles informativos te indican que estás en zona de osos, y te acojonan un
poco con las medidas a tomar para evitar encuentros desagradables (ir en
grupos, cantando, dando palmas… como en un tablao flamenco vamos), y luego si
te los encuentras y te ven, arrejuntarse todos para parecer más grandes,
hablarles con firmeza para que se den cuenta que eres un humano y no un bicho
comestible (¿será que los osos canadienses han estudiado lenguas? ¿en qué les
hablo, en inglés, en francés o en español?, menudo lío). Supongo que lo más importante
es no hacer grititos de ardilla.
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